El barril de amontillado

Un Blog de Juan Granados. Algunos artículos y comentarios por una sociedad abierta.

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domingo, diciembre 04, 2005

“Animal Farm”




“Pero de cualquier manera, ni los cerdos ni los perros producían nada comestible mediante su propio trabajo; eran muchos y siempre tenían buen apetito”. George Orwell, Rebelión en la granja.

La insidia, el interés, la manipulación, el peso de la ideología; ¿cuantas veces más habrán de advertirnos para que lo comprendamos? En plena guerra mundial, a George Orwell le costó Dios y ayuda que “Rebelión en la Granja” viese la luz. No es que su hilarante crítica al sistema soviético fuese directamente censurada, fue algo peor, no alcanzó el interés de ningún editor “decente” porque para la intelectualidad británica la puesta en cuestión de la triunfante izquierda antifascista no tenía cabida en su pensamiento, “había cosas que no se podían decir”, la mala conciencia pequeño burguesa impedía censurar a la vanguardia ideológica que representaba el valiente camarada Stalin. Hacer lo contrario supondría, cuando menos, ser tachado de reaccionario e insensible imperialista, carne de capital, uno más de los miserables hijos de Monipodio.
Cayó el muro, las sociedades abiertas parecieron respirar tranquilas, como si por una vez, cada quien pudiese aplicarse a su afán sin mayor cortapisa. Entretanto la intelectualidad de izquierda, tras algún balbuceo, buscó refugio en otras batallas, la interculturalidad, la ecología...o eso parecía. Pero no, lejos de arrepentirse, cuando un corpus ideológico parece periclitar, más pronto que tarde otro lo reemplaza, con sus mismos decálogos machacones y sus dogmáticas máximas destinadas a la general alienación de conciencias. Es así que la Libertad permanece en constante peligro ante la ideología organizada. Véase por ejemplo el asunto nacionalista al que tanto pábulo concede el presidente Rodríguez. Un par de décadas de “políticas normalizadoras”, la expresión tiene ya su enjundia, “full de queixa” e inspectores lingüísticos incluidos, permiten, entre otras lindezas, que se defienda a pecho partido la libertad de expresión de cualquier medio de comunicación, así sea de Al Qaeda, de ETA o del mismísimo Landrú redivivo. Ahora bien, tratándose de la piscina de un director de un diario desafecto o de una emisora de radio clerical, la cosa es diferente. A estos descarados, la divina izquierda, fiel a su estilo de siempre, aplicando su célebre ley de la paja en ojo ajeno o del embudo barredor para casa, mira sistemáticamente a otra parte ante las “chiquilladas” de estos graciosos muchachos que visten riguroso terno negro y lucen coche oficial del trinque. “Algo habrán hecho”, se dicen y se les deja hacer, a lo mejor para ver hasta donde son capaces de llegar con sus malos modos, punto gangsteriles. Al fin, como aseguraba el lema corregido que procuraba embellecer el frontispicio de la antigua granja Manor, luego bautizada como la feliz e industriosa “Animal farm” por los gorrinos que la habían tomado por revolucionario asalto: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”

Diciembre de 2005